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Investigación

Juicio de expertos en una tesis

AL Asesoría y Edición de Tesis SAS

Juicio de expertos en una tesis: cómo hacerlo bien y evitar errores

 

“Debes someter el instrumento a juicio de expertos”.

La indicación parece sencilla hasta que llega el momento de hacerlo: ¿quién puede validar el instrumento?, ¿qué debes enviarle?, ¿qué tiene que evaluar y qué haces después con sus respuestas?

El juicio de expertos no consiste simplemente en conseguir varias firmas que indiquen que tu instrumento “está bien”. Es un procedimiento sistemático que permite obtener evidencia sobre la pertinencia y representatividad de sus ítems antes de aplicarlos.

Si todavía no tienes claro cómo funciona todo el proceso de validación, puedes revisar primero nuestra guía sobre [cómo validar un instrumento de investigación]. En este artículo nos concentraremos únicamente en el juicio de expertos.

 

¿Qué es el juicio de expertos?

El juicio de expertos es una estrategia utilizada para valorar el contenido de un instrumento mediante personas con conocimiento y experiencia relacionados con el fenómeno estudiado, la metodología o el contexto de aplicación.

Su propósito es analizar si los ítems representan adecuadamente aquello que se pretende medir y detectar problemas antes de aplicar el instrumento a la muestra definitiva (Escobar & Cuervo, 2008).

En otras palabras, no le estás pidiendo al experto que te diga si el instrumento “se ve bien”. Le estás solicitando que evalúe, de manera estructurada, si cada pregunta realmente tiene sentido dentro de tu investigación.

 

Antes de buscar expertos, prepara tu instrumento

Este es uno de los puntos que más se pasan por alto.

Un experto no puede evaluar adecuadamente un cuestionario si recibe únicamente una lista de preguntas. Necesita conocer qué estás investigando y de dónde salió cada ítem.

Por eso, antes de contactarlo deberías tener preparados:

  • Los objetivos de la investigación.
  • La matriz de operacionalización o categorización, según corresponda.
  • El instrumento completo y numerado.
  • El formato mediante el cual realizará la evaluación.
  • Una breve carta explicando el propósito de la solicitud.

La matriz es especialmente importante. Si el experto no conoce la variable, dimensión o indicador asociado a una pregunta, puede evaluar su redacción, pero tendrá dificultades para determinar si realmente es coherente con aquello que pretendes medir.

Primero se construye con criterio; después se valida.

 

¿Quién puede participar como experto?

No basta con elegir personas que tengan un título académico.

El perfil debe estar relacionado con aquello que necesitas evaluar. Dependiendo del instrumento, puedes incorporar especialistas con conocimiento:

  • Temático, porque dominan el fenómeno o constructo que estás estudiando.
  • Metodológico, porque conocen procesos de construcción y validación de instrumentos.
  • Contextual, cuando tienen experiencia directa con la población o escenario en el que se aplicará el instrumento.

No existe un número único de expertos válido para todas las investigaciones. La decisión debe justificarse según el procedimiento metodológico utilizado y, especialmente, según los lineamientos de tu universidad.

Por eso, antes de enviar cualquier documento, revisa el reglamento de trabajo de grado o consulta el criterio de tu programa.

 

¿Qué deben evaluar los expertos?

Uno de los esquemas más utilizados incluye cuatro criterios: claridad, coherencia, relevancia y suficiencia (Escobar & Cuervo, 2008).

  1. Claridad: Evalúa si la pregunta se comprende fácilmente y evita ambigüedades.
  2. Coherencia: Determina si el ítem guarda relación con la dimensión, indicador, categoría u objetivo al que pertenece.
  3. Relevancia: Permite valorar si esa pregunta es realmente importante para medir o comprender el fenómeno.
  4. Suficiencia: Examina si el conjunto de ítems permite cubrir adecuadamente aquello que se quiere evaluar.

Además de asignar una valoración, es importante dejar un espacio para observaciones.

Y aquí hay una diferencia clave:

El puntaje puede mostrarte que existe un problema. La observación del experto puede ayudarte a entender cuál es.

 

¿Qué haces cuando los expertos devuelven los formatos?

Aquí comienza una etapa que a veces se confunde con “recoger las firmas”.

Las respuestas deben sistematizarse y analizarse.

Dependiendo del procedimiento escogido, pueden utilizarse coeficientes para cuantificar el grado de acuerdo entre los jueces. Uno de ellos es la V de Aiken, propuesta para analizar valoraciones realizadas mediante escalas y cuyos valores se encuentran entre 0 y 1 (Aiken, 1985).

Pero obtener el número no termina el proceso.

Después debes revisar cada ítem junto con las observaciones recibidas y decidir si:

  • Se conserva.
  • Necesita una modificación de redacción.
  • Debe reformularse.
  • Debe eliminarse.
  • Es necesario incorporar un nuevo ítem.

La validación no consiste en hacer que todos los ítems “pasen”. Consiste en utilizar el juicio recibido para mejorar el instrumento.

Si una modificación cambia sustancialmente el contenido de una pregunta o se incorporan nuevos ítems, también debe evaluarse si es necesaria una nueva revisión.

 

Tres errores que pueden debilitar el juicio de expertos

1. Enviar únicamente el cuestionario

Sin objetivos ni matriz, el experto pierde el marco necesario para analizar la coherencia de los ítems.

2. Elegir expertos únicamente porque están disponibles

El valor del procedimiento depende de que las personas seleccionadas tengan criterios suficientes para evaluar aquello que se les solicita.

3. Quedarse únicamente con el coeficiente

Un resultado numérico no reemplaza el análisis.

Si un experto señala que una pregunta es ambigua, que mezcla dos ideas o que no corresponde a una dimensión, esa observación debe ser considerada aunque el resultado global sea favorable.

 

¿Cómo se reporta el juicio de expertos en la tesis?

No necesitas convertir esta parte de la metodología en varias páginas.

Lo importante es que el lector pueda comprender:

quiénes participaron, por qué sus perfiles eran pertinentes, qué criterios evaluaron, cuál fue el procedimiento de análisis y qué decisiones se tomaron a partir de los resultados.

Por ejemplo:

La validez de contenido del instrumento fue examinada mediante juicio de expertos. Participaron [número] especialistas seleccionados de acuerdo con su experiencia temática y metodológica. Los ítems fueron valorados considerando criterios de claridad, coherencia, relevancia y suficiencia. Posteriormente, las evaluaciones fueron sistematizadas mediante [procedimiento utilizado] y se realizaron los ajustes correspondientes a partir de los resultados y observaciones emitidas.

La redacción definitiva debe adaptarse, por supuesto, al procedimiento que realmente realizaste.

Las cartas, formatos diligenciados y demás evidencias pueden incorporarse en los anexos según los requisitos de la institución.

 

El juicio de expertos no debería ser un trámite

Si se realiza correctamente, el juicio de expertos permite detectar problemas antes de que lleguen a la aplicación del instrumento.

Una pregunta ambigua puede corregirse antes de recolectar los datos. Una dimensión poco representada puede fortalecerse. Un ítem que no corresponde al constructo puede eliminarse.

Ese es el verdadero propósito del proceso.

¿Ya construiste tu instrumento, pero no sabes cómo organizar el juicio de expertos o interpretar sus resultados?

En AL Asesoría y Edición de Tesis te acompañamos en la revisión metodológica del instrumento, la organización del proceso de validación y la interpretación de los resultados para que puedas comprenderlos, reportarlos y defenderlos académicamente.

No hacemos tu tesis por ti. Te orientamos para que puedas sustentar cada decisión con criterio.

 

Referencias

Aiken, L. R. (1985). Three coefficients for analyzing the reliability and validity of ratings. Educational and Psychological Measurement, 45(1), 131–142. https://doi.org/10.1177/0013164485451012

Escobar, J., & Cuervo, Á. (2008). Validez de contenido y juicio de expertos: Una aproximación a su utilización. Avances en Medición, 6, 27–36.

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